viernes, noviembre 02, 2007



Como única cura posible, emprendieron la total y desmedida entrega tangible.


De algún modo sabíamos que separarnos eran meros tecnicismos; que la distancia real entre el no estar juntos al dejar de pertenecernos, no se aplicaba a nuestra naturaleza irrompible.
De algún modo sentíamos que cualquier hasta nunca subtitulaba un siempre, y que toda certeza generaría futuras dudas.
De algún modo supimos, que la tortura de todo ello seria nuestro eterno consuelo.

No nos unía lo afín.
Ni siquiera el sinfín de abismos intermedios.
Quizá un poco, y sólo un ápice, ese presente de deseoso acontecer mutuo.



Temían mirarse, por encontrar que ambos ya se habían ido.