THE MILLION DOLLAR HOTEL es una pequeña película de un inmenso artista y como tal, su pequeñez no es más que la ilusión del primer atisbo, ya que cuando se entra en el universo pleno de azules que Wenders propone, se descubre la precisión de cada detalle trazado con la mayor exactitud para crear un todo gigantesco.
Hay películas que se miran, esta es una para sentir.
Desde la primer toma de un amanecer aéreo sobre una ciudad apenas somnolienta, arrullada por un tema musical que transporta sin grandes explicaciones hacia el clima ideal donde la primer frase en off, va a ser relatada para encandilarnos en el aire, con el salto al vació de un personaje que desconocemos pero amparamos en el mismo instante que nos mira, nos saluda, nos invita a saltar.
Una historia de amor sin trivialidades ni escepticismos, tan ciclotímica, confusa, intensa y dramática como el amor se vive. No como lo describen las canciones de moda que se escuchan un verano, con palabras huecas que no hacen mas que intentar explicar de la manera mas llana y empalagosa posible lo que una imagen, un segundo o quizá dos, muestran sin falsos rótulos con la simpleza de la sonrisa de Tom Tom o el imperceptible suspiro de Eloise.
Un policial negro donde el asesino tiene un solo y ridículo motivo tan justificado que nadie es capaz de percibir, y todos se niegan a aceptar.
El amor, la lealtad, la locura, mostrados en instantes, poses, charlas vacías, cuartos caóticos de un hotel más caótico, caricias de música, calles mojadas y amanecer multicolor.
EL HOTEL DEL MILLON DE DOLARES, carga con esa melancolía de las mayores bellezas, que penetran en los sentidos anulando las partes superficiales con las que lidiamos todo el tiempo. Una película para saborear en sensaciones, para colmarse con las voces de Tom Tom y Eloise que raspan los oídos como el terciopelo las pieles, con las letras de Bono y su banda, con la música de un impecable saxo tras la ventana repleta de velas, con el talento de un artista como Wim Wenders con una visión brillante del mundo.
Cientos de recursos fílmicos mezclados en perfecta armonía, diálogos a primera vista incoherentes, personajes a primera vista grotescos, situaciones a primera vista pateticas.
El amor al alcance de la mano, o por un instante alcanzar toda la belleza del mundo a través del amor.
jueves, diciembre 30, 2004
Asomo una critica y deslizo un homenaje
jueves, diciembre 23, 2004
viernes, diciembre 17, 2004
Intelectuales y cuentos de hadas
- Universalmente hablando, nadie lleva la perfección en su nariz; pero si se trata de abrir paralelismos entre lo posible y lo que no, quizá pueda emitir opinión sin pecar de mentiroso. ¿No le parece Sr. Oso? ? dijo el búho, algo rabioso.
- Pues de seguro no tengo ni el rabo, pero puedo mostrar interés, siempre que no le moleste a Ud. - susurró la comadreja.
- ¡Y yo levanto una queja!- gritó la rana sin patas, tratando de parecer quizá, algo más verde de lo habitual...
Los ojos de Clarita iban y venían por el libro de cuentos que cada viernes sin falta, alguno de los invitados le obsequiaba. De los brillantes y coloridos dibujos de animales a las grandes letras, incomprensibles jeroglíficos para sus cinco años.
No le importaba demasiado que del otro lado de la mesa su madre no le prestara atención; sabía que cenar con esa gente tan rara, duraba mucho más rato que cualquier día normal, por eso no protestaba.
Entonces ella jugaba, mezclando lo que escuchaba, a que sabía leer.
Y jamás entendió por qué las historias que se inventaba, nunca coincidían después a la hora de ir a la cama con las que mamá le contaba.
- Pues de seguro no tengo ni el rabo, pero puedo mostrar interés, siempre que no le moleste a Ud. - susurró la comadreja.
- ¡Y yo levanto una queja!- gritó la rana sin patas, tratando de parecer quizá, algo más verde de lo habitual...
Los ojos de Clarita iban y venían por el libro de cuentos que cada viernes sin falta, alguno de los invitados le obsequiaba. De los brillantes y coloridos dibujos de animales a las grandes letras, incomprensibles jeroglíficos para sus cinco años.
No le importaba demasiado que del otro lado de la mesa su madre no le prestara atención; sabía que cenar con esa gente tan rara, duraba mucho más rato que cualquier día normal, por eso no protestaba.
Entonces ella jugaba, mezclando lo que escuchaba, a que sabía leer.
Y jamás entendió por qué las historias que se inventaba, nunca coincidían después a la hora de ir a la cama con las que mamá le contaba.
martes, diciembre 14, 2004
lunes, diciembre 13, 2004
miércoles, diciembre 08, 2004
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