miércoles, agosto 31, 2005
viernes, agosto 12, 2005
tan pequeña
LIBÉLULA: Puede volar hacia adelante, atrás, arriba, abajo y girar sobre si misma como un helicóptero.
Todavía estoy tratando de saber si el mundo intentó darme alguna señal con este mensaje.
Estos días no dejo de sentirme en pleno vuelo giratorio hacia todos los lados y hacia ninguno, me siento insignificante y frágil como ese lindo insecto anunciador de lluvias, y para colmo hoy amanecí con una tormenta desde el alma a los ojos que no puedo calmar.
lunes, agosto 01, 2005
Hormigas Voladoras
Hoy vi a una hormiga haciendo parapente.
Mientras esperaba el bondi en una esquina de Libertador, la muy pancha se posicionaba con una hoja de un tamaño considerablemente enorme para su tamaño relativamente diminuto; firmemente agarrada a sus espaldas con sus antenas y patas, y al pasar los autos a toda velocidad y aprovechando que desprendían un fuerte viento que la remontaba por el aire, ella se mantenía planeando algunos microsegundos.
Al principio supuse que tenía problemas para volver a su hormiguero e intenté hacerle una barrera con la mochila para proteger su camino de la correntada. Pero no sirvió de mucho. La hormiga buscaba con ansias la orilla para seguir con su deporte de riesgo.
Al cabo de un par de largos minutos y siete vuelos completos, soltó finalmente la hoja y emprendió el camino de regreso a su casa.
Yo seguí esperando el bondi a orillas de Libertador, con el viento de autos a toda velocidad que arremolinaba mi pelo y deseando de reojo encontrar una hoja considerablemente inmensa para intentar imitarla.
Mientras esperaba el bondi en una esquina de Libertador, la muy pancha se posicionaba con una hoja de un tamaño considerablemente enorme para su tamaño relativamente diminuto; firmemente agarrada a sus espaldas con sus antenas y patas, y al pasar los autos a toda velocidad y aprovechando que desprendían un fuerte viento que la remontaba por el aire, ella se mantenía planeando algunos microsegundos.
Al principio supuse que tenía problemas para volver a su hormiguero e intenté hacerle una barrera con la mochila para proteger su camino de la correntada. Pero no sirvió de mucho. La hormiga buscaba con ansias la orilla para seguir con su deporte de riesgo.
Al cabo de un par de largos minutos y siete vuelos completos, soltó finalmente la hoja y emprendió el camino de regreso a su casa.
Yo seguí esperando el bondi a orillas de Libertador, con el viento de autos a toda velocidad que arremolinaba mi pelo y deseando de reojo encontrar una hoja considerablemente inmensa para intentar imitarla.
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